Durante este tiempo hemos visto distintos temas que tomados aisladamente no tendrían ninguna significación, pero que mirándolos en su conjunto hacen un todo que podría ser útil. Esto mismo es lo que nos proponemos ahora: mirar el conjunto.
Habíamos comenzado dando una definición de educación como “mostrar cómo vivir” (tekombo`e) y que da nombre a este espacio. Vivir una vida plena es la vocación más importante del ser humano y la escuela, la Iglesia, el Estado, la familia no pueden desoír ese reclamo que se siente en cada joven que se emborracha para pasar el rato o en la niña que muere de anorexia.
Existen “fuerzas” que intentan destruir al ser humano como lo vemos simplemente en la televisión con las publicidades que disfrazan el mundo y la presentan falseadas como lo vemos en las publicidades de “Coca Cola” pero que son combatidas no siempre por nosotros, sino por quienes menos pensamos como los artistas que gustan tanto a nuestros jóvenes de hoy (Maná, Calle 13, entre otros) que se han convertido en profetas, profanos cierto, pero profetas al fin. Un ejemplo claro es “El circo de las mariposas” que nos muestra que las personas valen por ser personas y siempre tienen algo que aportar y que solo ellas pueden dar.
También existen personas e instituciones que, oyendo esta verdad, apostaron a la inclusión de los excluidos, como el Arca. También vale la pena mencionar la innovación disruptiva como herramienta legítima para hacer llegar los contenidos educativos a todos.
Para comenzar el maravilloso proceso de mostrar cómo vivir debemos saber con qué bases contamos, una construcción en terreno arenoso no es lo mismo que en una rocosa (Jesús ya lo dijo), por eso se debe saber mínimamente de qué tipo de familia proviene el adolescente, porque ese ser humano no es una tabula rasa que hay que llenar, tiene su historia única. Ese es el primer paso para incluir de verdad al chico o la chica que se acerca a nuestras instituciones. Otro aspecto a tener en cuenta es que nunca hay que dar nada por perdido, eso bien lo saben Anne Sullivan y Helen Keller que tuvieron que desarrollar todo un tipo de lenguaje nuevo para poder comunicarse, a eso mismo estamos llamados: a desarrollar todo un lenguaje nuevo para poder entrar en comunicación con los jóvenes de hoy, si no siempre fracasaremos y los estaremos marginando. En ellos hay todo un mundo que necesita ser comunicado por su parte y, reconocido y acogido por el nuestro.
El trabajo a emprender con cualquier tipo de personas necesita una cierta delimitación que tenga en cuenta las etapas vitales de las personas (no es lo mismo un adolescente que un niño) y nosotros hemos optado por los adolescentes (14 a 17 años). Cada etapa vital tiene sus características y necesidades, de ahí la importancia de conocer bien en “barro” con el que vamos a trabajar y atender a cada una de esas características y necesidades.
Creemos que dentro de un contexto escolar católico todo esto debe ser tenido en cuenta, esto lo confirma la carta circular de la Congregación para la Educación Católica así como otros documentos del magisterio (Familiaris Consortio, Chatequesis Tradende, Evangelii Nuntiandi, Educación y Proyecto de Vida, etc.). La educación debe mirar a todas las personas y a toda la persona, sino no sirve.
Los contenidos de una catequesis escolar deben atravesar todo la persona y debe integrarse dentro de una pastoral juvenil orgánica que exceda los límites de la escuela teniendo en cuenta que a los adolescentes están más interesados en la vivencia de la fe más que en los contenidos, habrá que enfatizar aquello sin descuidar esto. Las actividades deben tener amplitud necesaria para que todos puedan desempeñar sus cualidades Las formas de evaluación deberán no atender tanto en los resultados sino en el proceso, en cuanto lo que se aprende se haga vida en la escuela, en la calle, en la familia, con los amigos, etc.
Integrar y amasar estos y otros elementos es lo que nos permitirá hacer ladrillos buenos para construir un mundo en donde todos y todas encontremos espacio para desarrollarnos como personas.
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