viernes, 29 de julio de 2011

AMASAR


         Durante este tiempo hemos visto distintos temas que tomados aisladamente no tendrían ninguna significación, pero que mirándolos en su conjunto hacen un todo que podría ser útil. Esto mismo es lo que nos proponemos ahora: mirar el conjunto.
         Habíamos comenzado dando una definición de educación como “mostrar cómo vivir” (tekombo`e) y que da nombre a este espacio. Vivir una vida plena es la vocación más importante del ser humano y la escuela, la Iglesia, el Estado, la familia no pueden desoír ese reclamo que se siente en cada joven que se emborracha para pasar el rato o en la niña que muere de anorexia.
         Existen “fuerzas” que intentan destruir al ser humano como lo vemos simplemente en la televisión con las publicidades que disfrazan el mundo y  la presentan falseadas como lo vemos en las publicidades de “Coca Cola” pero que son combatidas no siempre por nosotros, sino por quienes menos pensamos como los artistas que gustan tanto a nuestros jóvenes de hoy (Maná, Calle 13, entre otros) que se han convertido en profetas, profanos cierto, pero profetas al fin. Un ejemplo claro es “El circo de las mariposas” que nos muestra que las personas valen por ser personas y siempre tienen algo que aportar y que solo ellas pueden dar.
         También existen personas e instituciones que, oyendo esta verdad,  apostaron a la inclusión de los excluidos, como el Arca. También vale la pena mencionar  la innovación disruptiva como herramienta legítima para hacer llegar los contenidos educativos a todos.
         Para comenzar el maravilloso proceso de mostrar cómo vivir debemos saber con qué bases contamos, una construcción en terreno arenoso no es lo mismo que en una rocosa (Jesús ya lo dijo), por eso se debe saber mínimamente de qué tipo de familia proviene el adolescente, porque ese ser humano no es una tabula rasa que hay que llenar, tiene su historia única. Ese es el primer paso para incluir de verdad al chico o la chica que se acerca a nuestras instituciones. Otro aspecto a tener en cuenta es que nunca hay que dar nada por perdido, eso bien lo saben Anne Sullivan y Helen Keller que tuvieron que desarrollar todo un tipo de lenguaje nuevo para poder comunicarse, a eso mismo estamos llamados: a desarrollar todo un lenguaje nuevo para poder entrar en comunicación con los jóvenes de hoy, si no siempre fracasaremos y los estaremos marginando. En ellos hay todo un mundo que necesita ser comunicado por su parte y, reconocido y acogido por el nuestro.
         El trabajo a emprender con cualquier tipo de personas necesita una cierta delimitación que tenga en cuenta las etapas vitales de las personas (no es lo mismo un adolescente que un niño) y nosotros hemos optado por los adolescentes (14 a 17 años). Cada etapa vital tiene sus características y necesidades, de ahí la importancia de conocer bien en “barro” con el que vamos a trabajar y atender a cada una de esas características y necesidades.
         Creemos que dentro de un contexto escolar católico todo esto debe ser tenido en cuenta, esto lo confirma la carta circular de la Congregación para la Educación Católica así como otros documentos del magisterio (Familiaris Consortio, Chatequesis Tradende, Evangelii Nuntiandi, Educación y Proyecto de Vida, etc.). La educación debe mirar a todas las personas y a toda la persona, sino no sirve.
         Los contenidos de una catequesis escolar deben atravesar todo la persona y debe integrarse dentro de una pastoral juvenil orgánica que exceda los límites de la escuela teniendo en cuenta que a los adolescentes están más interesados en la vivencia de la fe más que en los contenidos, habrá que enfatizar aquello sin descuidar esto. Las actividades deben tener amplitud necesaria para que todos puedan desempeñar sus cualidades Las formas de evaluación deberán no atender tanto en los resultados sino en el proceso, en cuanto lo que se aprende se haga vida en la escuela, en la calle, en la familia, con los amigos, etc.
         Integrar y amasar estos y otros elementos es lo que nos permitirá hacer ladrillos buenos para construir un mundo en donde todos y todas encontremos espacio para desarrollarnos como personas.
    

PARA TENER EN CUENTA

La Congregación para la Educación Católica publicó en el 2009 una carta circular sobre la educación católica en la escuela que en verdad no tiene desperdicio por su síntesis magisterial, su claridad y la profundidad de su análisis... Creemos menester producirlo íntegramente para no perder detalles.

CARTA CIRCULAR N. 520/2009
A LOS EMINENTÍSIMOS Y EXCELENTÍSIMOS
PRESIDENTES
DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES
SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA

Roma, el 5 de mayo de 2009
Eminencia/Excelencia Reverendísima,
la naturaleza y el papel de la enseñanza de la religión en la escuela se ha convertido en objeto de debate y en algunos casos de nuevas normativas civiles, que tienden a reemplazarla por una enseñanza del hecho religioso de naturaleza multiconfesional o por una enseñanza de ética y cultura religiosa, también en contraste con las elecciones y la orientación educativa que los padres y la Iglesia quieren dar a la formación de las nuevas generaciones.
Es por ello que, con la presente Carta Circular, dirigida a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, esta Congregación para la Educación Católica, cree necesario llamar la atención sobre algunos principios, que han sido profundizados por la enseñanza de la Iglesia, como aclaración y norma sobre el papel de la escuela en la formación católica de las nuevas generaciones; la naturaleza y la identidad de la escuela católica; la enseñanza de la religión en la escuela; la libertad de elección de la escuela y de la enseñanza religiosa confesional.
I. El papel de la escuela en la formación católica de las nuevas generaciones
1. La educación se presenta hoy como una tarea compleja, desafiada por rápidos cambios sociales, económicos y culturales. Su misión específica sigue siendo la formación integral de la persona humana. A los niños y a los jóvenes debe ser garantizada la posibilidad de desarrollar armónicamente las propias dotes físicas, morales, intelectuales y espirituales.
Ellos, también, deben ser ayudados a perfeccionar el sentido de responsabilidad, a aprender el recto uso de la libertad, y a participar activamente en la vida social (Cf. c. 795 Código de Derecho Canónigo [CIC]; c. 629 Código de los Cánones de las Iglesias Orientales [CCEO]). Una enseñanza que desconozca o que ponga al margen la dimensión moral y religiosa de la persona sería un obstáculo para una educación completa, porque “los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios”. Por esto el Concilio Vaticano II solicitó y recomendó “a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho” (Declaración Gravissimum educationis [GE] ,1).
2. Una tal educación solicita la contribución de muchos sujetos educativos. Los padres, ya que han transmitido la vida a los hijos, son los primeros y principales educadores (Cf. GE 3; Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio [FC], 22 de noviembre de 1981, 36; c. 793 CIC; c. 627 CCEO). Por esta razón, compete a los padres católicos, cuidar la educación cristiana de sus hijos (c. 226 CIC; c. 627 CCEO). Para este deber primario, los padres necesitan la ayuda subsidiaria de la sociedad civil y de otras instituciones. En efecto: “La familia es la primera, pero no la única y exclusiva, comunidad educadora” (FC 40; Cf. GE 3).
3. “Entre todos los medios de educación, el de mayor importancia es la escuela” (GE 5) que es “ayuda primordial para los padres en el cumplimiento de su deber de educar" (c. 796 §1 CIC), particularmente para favorecer la transmisión de la cultura y la educación a vivir juntos. En estos ámbitos, en conformidad también con la legislación internacional y los derechos del hombre, “debe asegurarse absolutamente el derecho de los padres a la elección de una educación conforme con su fe religiosa” (FC 40). Los padres católicos “han de confiar sus hijos a aquellas escuelas en las que se imparta una educación católica” (c. 798 CIC) y, cuando eso no es posible, tienen que suplir la falta de ésta (Cf. ibidem).
4. El Concilio Vaticano II “recuerda a los padres la grave obligación que les atañe de disponer, y aún de exigir”, que sus hijos puedan recibir una educación moral y religiosa, y de esta forma, “progresen en la formación cristiana a la par que en la profana. Además, la Iglesia aplaude cordialmente a las autoridades y sociedades civiles que, teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y favoreciendo la debida libertad religiosa, ayudan a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales y religiosos de las familias” (GE 7).

En síntesis:
- La educación se presenta hoy como una tarea compleja, vasta y urgente. La complejidad actual corre el riesgo de hacer perder lo esencial, es decir, la formación de la persona humana en su integridad, en particular por cuanto concierne la dimensión religiosa y espiritual.
- La obra educativa, incluso cuando es realizada por más sujetos, tiene en los padres los primeros responsables de la educación.
- Tal responsabilidad también se ejercita en el derecho a elegir la escuela que garantice una educación conforme a los propios principios religiosos y morales.

II. Naturaleza e identidad de la escuela católica: derecho a una educación católica para las familias y para los alumnos. Subsidiariedad y colaboración educativa
5. Tanto en la educación como en la formación la escuela católica desempeña una función particular. En el servicio educativo escolar se han distinguido y, aún hoy siguen dedicándose de manera admirable, muchas comunidades y congregaciones religiosas pero es toda la comunidad cristiana y, en particular, el Ordinario diocesano quienes tienen la responsabilidad de “disponer lo necesario para que todos los fieles reciban educación católica” (c. 794 §2 CIC) y, más precisamente, para tener “escuelas en las que se imparta una educación imbuida del espíritu cristiano” (c. 802 CIC; Cf. c. 635 CCEO).
6. Una escuela católica se caracteriza por el vínculo institucional que mantiene con la jerarquía de la Iglesia, la cual garantiza que la enseñanza y la educación estén fundadas en los principios de la fe católica y sean impartidas por maestros de doctrina recta y vida honesta (Cf. c. 803 CIC; cc. 632 y 639 CCEO). En estos centros educativos, abiertos a todos los que compartan y respeten el proyecto educativo, se tiene que alcanzar un ambiente escolar impregnado del espíritu evangélico de libertad y de caridad, que favorezca un desarrollo armónico de la personalidad de cada individuo. En este ambiente, se coordina el conjunto de la cultura humana con el mensaje de la salvación, de modo que el conocimiento del mundo, de la vida y del hombre, que los alumnos poco a poco adquieren, sea iluminado por el Evangelio (Cf. GE 8; c. 634 §1 CCEO).
7. De este modo, se asegura el derecho de las familias y de los alumnos a una educación auténticamente católica y, al mismo tiempo, se alcanzan los demás fines culturales, de formación humana y académica de los jóvenes, que son propios de cualquiera escuela (Cf. c. 634 §3 CCEO; c. 806 §2 CIC).
8. Aún sabiendo cuanto hoy eso sea problemático, es deseable que, para la formación de la persona, exista una gran sintonía educativa entre escuela y familia, con el fin de evitar tensiones o fracturas en el proyecto educativo. Por lo tanto es necesario que exista una estrecha y activa colaboración entre padres, docentes y ejecutivos de las escuelas; además, es oportuno fomentar los instrumentos de participación de los padres en la vida escolar: asociaciones, reuniones, etc. (Cf. c. 796 §2 CIC; c. 639 CCEO).
9. La libertad de los padres, de las asociaciones e instituciones intermedias y de la misma jerarquía de la Iglesia de promover escuelas de identidad católica constituyen un ejercicio del principio de subsidiariedad. Este principio excluye "cualquier monopolio de las escuelas, que contradice los derechos naturales de la persona humana, el progreso y la divulgación de la cultura, la convivencia pacífica de los ciudadanos y el pluralismo que hoy predomina en muchas sociedades” (GE 6).

En síntesis:
- La escuela católica es un verdadero y real sujeto eclesial en razón de su acción escolar, donde se fundan en armonía la fe, la cultura y la vida.
- Ella está abierta a todos aquellos que quieran compartir el proyecto educativo inspirado en los principios cristianos.
- La escuela católica es expresión de la comunidad eclesial y su catolicidad está garantizada por las autoridades competentes (Ordinario del lugar).
- Asegura la libertad de elección de los padres católicos y es expresión del pluralismo escolar.
- El principio de subsidiariedad regula la colaboración entre la familia y las distintas instituciones delegadas a la educación.

III. La enseñanza de la religión en la escuela
a) Naturaleza y finalidad
10. La enseñanza de la religión en la escuela constituye una exigencia de la concepción antropológica abierta a la dimensión trascendente del ser humano: es un aspecto del derecho a la educación (Cf. c. 799 CIC). Sin esta materia, los alumnos estarían privados de un elemento esencial para su formación y para su desarrollo personal, que les ayuda a alcanzar una armonía vital entre fe y cultura. La formación moral y la educación religiosa también favorecen el desarrollo de la responsabilidad personal y social, así como de las demás virtudes cívicas, y constituyen pues una relevante contribución al bien común de la sociedad.
11. En este sector, en una sociedad pluralista, el derecho a la libertad religiosa exige que se asegure la presencia de la enseñanza de la religión en la escuela y, a la vez, la garantía que tal enseñanza sea conforme a las convicciones de los padres. El Concilio Vaticano II recuerda que: “[A los padres] corresponde el derecho de determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a sus hijos, según sus propias convicciones religiosas (…) Se violan, además, los derechos de los padres, si se obliga a los hijos a asistir a lecciones escolares que no corresponden a la persuasión religiosa de los padres, o si se impone un único sistema de educación del que se excluye totalmente la formación religiosa.” (Declaración Dignitatis humanae [DH] 5; Cf. c. 799 CIC; Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, 24 de noviembre de 1983, art. 5, c-d). Esta afirmación encuentra correspondencia en la Declaración universal de los derechos humanos (art. 26), y en muchas otras declaraciones y convenciones de la comunidad internacional.
12. La marginalización de la enseñanza de la religión en la escuela equivale, al menos en práctica, a asumir una posición ideológica que puede inducir al error o producir un daño en los alumnos. Además, se podría crear también confusión o engendrar relativismo o indiferentismo religioso si la enseñanza de la religión fuera limitada a una exposición de las distintas religiones, en un modo comparativo y “neutral”. A este respecto, Juan Pablo II decía: “La cuestión de la educación católica conlleva (...) la enseñanza religiosa en el ámbito más general de la escuela, bien sea católica o bien estatal. A esa enseñanza tienen derecho las familias de los creyentes, las cuales deben tener la garantía de que la escuela pública —precisamente por estar abierta a todos— no sólo no ponga en peligro la fe de sus hijos, sino que incluso complete, con una enseñanza religiosa adecuada, su formación integral. Este principio se encuadra en el concepto de la libertad religiosa y del Estado verdaderamente democrático que, en cuanto tal, es decir, respetando su naturaleza más profunda y verdadera, se pone al servicio de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, respetando sus derechos, sus convicciones religiosas” (Discurso a los Cardenales y a los colaboradores de la Curia Romana, 28 junio de 1984).
13. Con estos presupuestos, se comprende que la enseñanza de la religión católica tiene una especificidad con respecto a las otras asignaturas escolares. Efectivamente, como explica el Concilio Vaticano II: “el poder civil, cuyo fin propio es actuar el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos" (DH 3). Por estos motivos corresponde a la Iglesia establecer los contenidos auténticos de la enseñanza de la religión católica en la escuela, que garantiza, ante a los padres y los mismos alumnos la autenticidad de la enseñanza que se transmite como católica.
14. La Iglesia reconoce esta tarea como su ratione materiae y la reivindica como de competencia propia, independientemente de la naturaleza de la escuela (estatal o no estatal, católica o no católica) en donde viene impartida. Por lo tanto: “depende de la autoridad de la Iglesia la enseñanza y educación religiosa católica que se imparte en cualesquiera escuelas (…) corresponde a la Conferencia Episcopal dar normas generales sobre esta actividad, y compete al Obispo diocesano organizarla y ejercer vigilancia sobre la misma” (c. 804 §1 CIC; Cf., además, c. 636 CCEO).
b) La enseñanza de la religión en la escuela católica
15. La enseñanza de la religión en las escuelas católicas identifica su proyecto educativo. En efecto, “el carácter propio y la razón profunda de la escuela católica, el motivo por el cual deberían preferirla los padres católicos, es precisamente la calidad de la enseñanza religiosa integrada en la educación de los alumnos” (Juan Pablo II Exhortación apostólica Catechesi tradendae, 16 de octubre de 1979, 69).
16. También en las escuelas católicas, debe ser respetada, como en cualquier otro lugar, la libertad religiosa de los alumnos no católicos y de sus padres. Esto no impide, como es claro, el derecho-deber de la Iglesia de enseñar y testimoniar públicamente la propia fe, de palabra y por escrito, teniendo en cuenta que “en la divulgación de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión deshonesta o menos recta” (DH 4).
c) Enseñanza de la religión católica bajo el perfil cultural y relación con la catequesis
17. La enseñanza escolar de la religión se encuadra en la misión evangelizadora de la Iglesia. Es diferente y complementaria a la catequesis en la parroquia y a otras actividades, como la educación cristiana familiar o las iniciativas de formación permanente de los fieles. Además del diferente ámbito donde cada una es impartida, son diferentes las finalidades que se proponen: la catequesis se propone promover la adhesión personal a Cristo y la maduración de la vida cristiana en sus diferentes aspectos (Cf. Congregación para el Clero, Directorio general para la catequesis [DGC], 15 de agosto de 1997, nn. 80-87); la enseñanza escolar de la religión transmite a los alumnos los conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana. Además, el Papa Benedicto XVI, hablando a los docentes de religión, ha indicado la exigencia de "ensanchar los espacios de nuestra racionalidad, volver a abrirla a las grandes cuestiones de la verdad y del bien, conjugar entre sí la teología, la filosofía y las ciencias, respetando plenamente sus métodos propios y su recíproca autonomía, pero siendo también conscientes de su unidad intrínseca. En efecto, la dimensión religiosa, es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida.” A la consecución de tal fin contribuye la enseñanza de la religión católica, con la cual “la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro” (Discurso a los docentes de religión católica, 25 de abril de 2009).
18. La especificidad de esta enseñanza no disminuye su naturaleza de disciplina escolástica; al contrario, el mantenimiento de ese status es una condición de eficacia: “es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinario” (DGC 73).

En síntesis:
- La libertad religiosa es el fundamento y la garantía de la presencia de la enseñanza de la religión en el espacio público escolar.
- Una concepción antropológica abierta a la dimensión trascendental es su condición cultural.
- En la escuela católica la enseñanza de la religión es característica irrenunciable del proyecto educativo.
- La enseñanza de la religión es diferente y complementaria a la catequesis, en cuanto es una enseñanza escolar que no solicita la adhesión de fe, pero transmite los conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana. Además, enriquece la Iglesia y la humanidad de laboratorios de cultura y humanidad.

IV. Libertad educativa, libertad religiosa y educación católica
19. En conclusión, el derecho a la educación y a la libertad religiosa de los padres y de los alumnos se ejercitan concretamente a través de:
a) la libertad de elección de la escuela. “Los padres, cuya primera e intransferible obligación y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elección de las escuelas. El poder público, a quien pertenece proteger y defender la libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar distribuir las ayudas públicas de forma que los padres puedan escoger con libertad absoluta, según su propia conciencia, las escuelas para sus hijos.” (GE 6; Cf. DH 5; c. 797 CIC; c. 627 §3 CCEO).
b) La libertad de recibir, en los centros escolares, una enseñanza religiosa confesional que integre la propia tradición religiosa en la formación cultural y académica propia de la escuela. “Deben esforzarse los fieles para que, en la sociedad civil, las leyes que regulan la formación de los jóvenes provean también a su educación religiosa y moral en las mismas escuelas, según la conciencia de sus padres” (c. 799 CIC; Cf. GE 7, DH 5). En efecto, la educación religiosa católica, impartida en cualquiera escuela, está sometida a la autoridad de la Iglesia (Cf. c. 804 §1 CIC; c. 636 CCEO).
20. La Iglesia es consciente que en muchos lugares en la actualidad, como también en épocas pasadas, la libertad religiosa no es plenamente efectiva, en las leyes y en la práctica (cfr DH 13). En estas condiciones, la Iglesia hace cuanto es posible para ofrecer a los fieles la formación que necesitan (Cf. GE 7; c. 798 CIC; c. 637 CCEO). Al mismo tiempo, de acuerdo con la propia misión (Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 76), no deja de denunciar la injusticia que se cumple cuando los alumnos católicos y sus familias son privados de sus derechos educativos y es herida su libertad religiosa, y exhorta a todos los fieles a empeñarse para que estos derechos sean efectivos (Cf. c. 799 CIC).
Esta Congregación para la Educación Católica está convencida que los principios mencionados anteriormente pueden contribuir a encontrar una siempre mayor consonancia entre la tarea educativa, que es parte integrante de la misión de la Iglesia y la aspiración de las Naciones a desarrollar una sociedad justa y respetuosa de la dignidad de cada hombre.
Por su parte la Iglesia, ejerciendo la diakonia de la verdad en medio de la humanidad, ofrece a cada generación la revelación de Dios de la que se puede aprender la verdad última sobre la vida y sobre el fin de la historia. Esta tarea no es fácil en un mundo secularizado, habitado por la fragmentación del conocimiento y por la confusión moral, involucra a toda la comunidad cristiana y constituye un desafío para los educadores. Nos sostiene, en todo caso, la certeza –como afirma Benedicto XVI– que “los nobles fines […] de la educación, fundados en la unidad de la verdad y en el servicio a la persona y a la comunidad, son un poderoso instrumento especial de esperanza" (Discurso a los educadores católicos, 17 de abril de 2008).
Mientras rogamos a Su Eminencia/Excelencia de hacer conocer a quienes están empeñados en el servicio y en la misión educativa de la Iglesia los contenidos de la presente Carta Circular, le agradecemos por su amable atención y en comunión de oración a María, Madre y Maestra de los educadores, aprovechamos gustosos la circunstancia para transmitirle el testimonio de nuestra consideración, confirmándonos
De Su Eminencia/Excelencia/Reverendísima
Devotísimo en el Señor
Zenon Card. GROCHOLEWSKI,
Prefecto

Jean-Louis BRUGUÈS, O.P,
Secretario

(fuente: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccatheduc/index_sp.htm)

jueves, 28 de julio de 2011

CONOCIENDO EL “BARRO”


         Sentadas las bases  y no discriminando a nadie ya tenemos bastante hecho en la “construcción” del ser humano, pero aun nos falta bastante para lograr que ser humano sea en verdad pleno y realizado.
         Ahora lo que nos toca es analizar el “barro” que tenemos para fabricar los ladrillos para levantar las paredes de nuestra “construcción”. Vamos a conocer mejor a los adolescentes que son el “material” ideal para ladrillos.
         Los adolescentes están en constante tensión entre LO RUTINARIO que cansa y el GOZO por vivir. Este grupo etario es el que más expuesto está a la publicidad que los bombardea con mensajes de que están en la edad más feliz, pero la realidad los golpea con un orden que tienen que cumplir, a una vida rutinaria, si es que no desea ser excluidos. Esta vida rutinaria que el adolescente desarrolla durante toda la semana y que está marcada por la escuela lo hunde en una especie de modorra y depresión que los cansa.
         Otra característica a tener en cuenta en esta edad (14 a 17) es la importancia de los VÍNCULOS. Entre estos vínculos el que más pesa es el de la amistad, el que se desarrolla entre los pares; le sigue el de la pareja; luego la familia, los padres y los hermanos, también la que se da con los abuelos; por último los demás adultos, sobre todo los que demuestran interés por sus cosas.
         La relación con el propio CUERPO   en esta edad cobra gran importancia, por los cambios que se desarrollan en ellos y la valoración de la belleza y la salud. Es en esta edad cuando se empieza a frecuentar los gimnasios, los clubes para practicar deportes, etc. y comienzan los trastornos de la alimentación (bulimia y anorexia).
         Cuando se produce el “desenchufe” de lo rutinario se nota, en este grupo, un despertar del MUNDO INTERIOR que se expresa en las expresiones artísticas, baile, música, escritura, lectura, etc. También la búsqueda de emociones intensas lleva a los adolescentes a tener sus primeros contactos con sustancias depresoras o estimulantes (alcohol, mariguana, cocaína, paco, etc.), a esto también ayuda la emergencia de emociones nuevas difíciles de manejar. 
         La Fe en esta etapa de la vida, como muchas otras cosas, está sometida a una severa crítica y se empieza a definir lo que desfavorece y lo que favorece la vivencia de la fe. Entre el primer grupo se encuentra la imagen de un Dios mágico, no depurado, infantil; el desencanto por lo institucional, aunque sí les interesa lo comunitario; la despreocupación por la fe en sí misma, la fe no es un tema de interés en esta etapa. Entre lo que favorece la fe encontramos que la existencia de Dios se da por supuesta, no se critica ni se duda, Dios en el sentido de un ser trascendente y omnipotente; la búsqueda de experiencias de fe “vivencial” sobre todo que toque lo interior y sea solidaria; las personas que viven su fe con entrega y coherencia tienes una influencia importante en los adolescentes, los abuelos, los padres, los ministros, etc.

[Estos datos están tomados de un estudio realizado por la Fundación Talita Kum (un día de tu vida) entre adolescentes de entre 14 y 17 años de clase media urbana. Alumnos de educación media privada y religiosa.]  

domingo, 12 de junio de 2011

NO DAR NADA POR PERDIDO


La vez anterior estuvimos viendo las bases, los cimientos para que la persona sea realmente consistente para encarar el mundo. Esas bases están en la familia. Es en la familia en donde se aprende a ser de verdad inclusivo aceptando las diferencias de cada miembro y ayudándolo a ser cada vez más dueño de sí mismo.
            Ahora damos un paso más. Antonio Bratto, sostiene que las todas las personas están en condiciones de aprender a cualquier edad y que la educación formal ayuda a que este aprendizaje alcance “un nivel de competencia óptimo”. Esto es totalmente cierto; pero... qué pasa si aparece una persona ciega y sorda ¿pueden las instituciones responder a este tipo de interrogante? La verdad es que todo nuestro sistema está previsto para personas “normales” (lo que quiera que eso signifique), a lo sumo podemos ayudar a personas sordos, por medio de las señas; a los ciegos por el sistema braille; pero a una ciega y sorda ¿qué hacemos con ella?
            Este problema no es original con una niña llamada Helen Keller y su maestra Ana Sullivan. Es una historia muy interesante.
Helen Keller quedó sorda y ciega a causa de una enfermedad cuando tenía 19 meses de edad. Llegó a desarrollarse culturalmente y ser una escritora y conferenciante pública mundialmente famosa. Helen no se desanimaba fácilmente. Pronto comenzó a descubrir el mundo usando sus otros sentidos. Tocaba y olía todas las cosas que estaban alrededor de ella y sentía las manos de otras personas para «ver» lo que estaban haciendo e imitaba (copiaba) sus movimientos. Cuando tenía siete años de edad inventó 60 signos diferentes que le servían para comunicarse con su familia. Al no poder expresarse ni entender su frustración aumentó con la edad y su rabia iba a peor. Se convirtió en una persona salvaje, revoltosa y muy agresiva. Esta situación hizo que se viera claramente la necesidad de hacer algo. Justamente, antes de cumplir siete años, la familia contrató a una tutora privada.
 Anne Sullivan venía de un ambiente muy pobre. Había perdido la visión cuando tenía cinco años y fue abandonada en una casa de escasos recursos. Tuvo la suerte de haber encontrado un lugar donde fue bien acogida, el Colegio Perkins para Ciegos en Boston. Después de varios años, y tras dos operaciones con éxito recuperó su visión. Se graduó obteniendo el título de honor. Para el director de la escuela estaba claro que Anne Sullivan era la persona adecuada para educar a Hellen Keller.
El primer paso de Anne fue comunicarse con ella venciendo su agresividad con fuerza y paciencia. El siguiente paso fue enseñarle el alfabeto manual. Anne le ponía en contacto con los objetos y le deletreaba en la mano las palabras. Así comenzó a animarse y cada cosa que encontraba la cogía y preguntaba a Anne cómo se llamaba. Así fue preparando a su alumna con nuevas palabras e ideas que necesitaría para enseñarle a hablar. Como resultado de todo este trabajo, Hellen llego a ser más civilizada y amable, y pronto aprendió a leer y escribir en Braille. También aprendió a leer de los labios de las personas tocándoles con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones.
Anne la ayudó en varias instituciones trabajando con otros materiales y textos, enseñándole distintas lecciones y actuando como su intérprete. Ella interpretaba en las manos de Hellen lo que los profesores decían en clase, y transcribía en los libros utilizando el sistema Braille.
Hellen se graduó con título de honor de la Radcliffe College en 1904. Tenía un poder de concentración extraordinario, muy buena memoria y muy buenos recursos personales para mejorar. Mientras estaba en aquella escuela escribió «La Historia de Mi Vida». Este libro tuvo un rápido éxito y gracias a él ganó suficiente dinero para comprarse su propia casa.
La ceguera era, a menudo, causada por una enfermedad que también era la causa de que muchos vivieran en pobreza. Hellen colaboró en la creación de la Fundación Americana para los Ciegos con el objetivo de ofrecer servicios a otras personas ciegas. Llegó a ser famosa, invitada por muchos países y recibió títulos de Honor de diferentes universidades extranjeras.” (http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/temaskeller.htm)



domingo, 5 de junio de 2011

LAS BASES

La familia es la base de la sociedad nos dice la sociología básica como transmisora de la vida y, así, perpetuadora de la raza. Pero la responsabilidad de la familia no concluye sólo con pasar la vida, la pregunta es qué se hace con esa vida que viene al mundo. La responsabilidad de los padres después de engendrar y acoger la vida es la de conducir al nuevo ser para que sea una persona humano con todas sus letras.Por tanto la primera educadora es la familia, es su derecho y su obligación velar por la buena formación de sus hijos ( Cf. FC 37; GE 3).
Los padres sobre todo deben tratar de educar a su prole, en este contexto mundial en que vivimos para que tengan una libretad frente a los bienes materiales, frente a un mundo consumista; en la socialidad: el respeto a los demás en especial a los más pobres y necesitados, frente a una sociedad individualista; y en el verdadero amor como entrega de sí mismo que se traduce en una educación sexual que mire a la persona en su integridad (física, psíquica y espiritual) y no solamente lo corporal, frente al ambiente sensualista que se respira (Cf. FC 37).
Las demás instituciones que tiene la función de educar, no deben alienar a los padres de este derechos de buscar lo mejor para sus hijos, sino que deben trabajar juntos para los niños y jóvenes posean las herramientas necesaria para construir un mundo más humano.

Para pensar:
- Qué sociedad le estamos dejando a nuestros hijos.
- Qué hijos le estamos dejando a la sociedad

Para ampliar esto se puede consultar:
Juan Pablo II, Exhortación Apostólica: Familiaris Consortio, 22 nov. 1981.
Concilio Vaticano II, Declaración sobre la educación cristiana de la juventud: Gravissimun educationis

Un ejemplo de lo que hablamos:

viernes, 27 de mayo de 2011

Innovaciones Disruptivas y Educación

El profesor Clayton Christensen de Harvard, hace más de 10 años, hizo una enorme contribución al pensamiento al introducir la noción de "innovación disruptiva".
 
La Innovación Disruptiva es una innovación marginal, orientada a prestarle un nuevo sevicio a gente que no tenía acceso a la tecnología anterior. En ese sentido, está orientado a un "no – consumidor". Y al hacerlo de esta manera parece ser prácticamente invisible a la tecnología anterior, porque tiene estándares bajos; sin embargo, desde los nuevos clientes, tiene un enorme atractivo.
 
Los primeros PC y Apple se vendían a la gente que necesitaba procesadores de bajo costo u orientados al placer de tener herramientas en tu propia casa, para los más sofisticados. De hecho, los mini computadores ya habían creado un nuevo mercado para el uso de la computación.
 
El protocolo del MP3, más el diseño y el marketing de Apple, inventaron una innovación disruptiva en el mercado de la música, trasnformando a Apple en una compañía que ya no es de computadoras, sino de servicios musicales y culturales. En el caso de Iphone, en un gran actor en el mundo de la teléfonía, siendo solo una mejora marginal con respecto al modelo anterior.
 
Esta explicación somera la entrego como motivación para la lectura del propio Christensen, que tiene mayor complejidad y contenido de lo que yo estoy presentando.

Fuente: Abriendo juegos, abriendo mundos.http://www.fernandoflores.cl/node/2254 (en línea)

domingo, 15 de mayo de 2011

EL ARCA es TEKOMBO`E

 Este tipo de organizaciones son los que nos enseñan para qué es la vida, para qué estamos en el mundo, el sentido de una educación que se precie de ser incluyente. A la vez interpela lo que entendemos por educación: ¿en nuestro esquema mental están incluidos los que tienen capacidades diferentes?¿sabemos lo que en realidad significa incluir a este tipo de ser humano? Tal vez deberíamos saber un poco más del Jean Vanier y visitar "el arca" antes de responder para que la educación sea Tekombo`e: un educar la vida 

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